¿Por qué y quienes quieren ver muerto a AMLO?

Por México, por Hidalgo, por Pachuca cualquier mexicano consiente y responsable, no debería quedarse con los brazos cruzados viendo como un pequeño grupo de políticos y empresarios corruptos nos arrebatan nuestros sueños y nuestro país.

No se trata de colores partidistas, de dogmas u otras cuestiones polémicas en las que es difícil ponerse de acuerdo, es simple y sencillamente de intereses económicos, de seguridad, bienestar, del futuro de nuestras familias y principalmente de sentido común. De convivencia en un Estado de Derecho.

Aspiraciones que nos arrebatan gentes sin escrúpulos como el columnista del diario El Universal Ricardo Alemán, al incitar a la violencia e incluso a sugerir el asesinato del candidato de Morena a la presidencia de República Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Nadie en México desconoce a que intereses sirve el periodista en desgracia (por aquello de que se quedó sin chamba en Televisa y en Canal 11) y que su activismo en contra de AMLO le dejó excelentes dividendos, muchos de ellos de origen obscuro.

¿Por qué y quienes quieren ver muerto a AMLO?

Es cierto que no es el primer meme de esas características que circula en la red, pero sí el de una figura pública que incita abiertamente a tomar esa medida radical al no haber, hasta el momento, ideas, argumentos o estrategia política legal para acercarse al candidato puntero en la carrera por la presidencia, según las encuestas.

De ahí viene la apuesta del sistema a sembrar miedo a través de esta campaña negra que conforme se acerca el 1 de julio ira en aumento, y para la cual deberíamos de vacunarnos con información de fuentes creíbles o incluso estar alerta para saber diferenciar entre lo que es información y que es golpeteo mediático.

Estar bien informado ayuda a tomar decisiones correctas y para que hablar de la desinformación, por eso hay quienes le apuestan a ésta última.

Es cierto que encontrar información fiable en este momento político va a ser casi imposible, ya que el sistema echo a andar su maquinaria, compuesta de miles de engranes que lubrican con billetes de todas denominaciones, como lo son la mayoría de los medios de comunicación.

Pero existe el sentido común y la experiencia diaria para darnos cuenta, que gracias a la tremenda sacudida que le ha dado Obrador al sistema, se cayeron y seguirán cayendo las máscaras, o dicho de otra forma, llegó el tiempo de las definiciones, en donde cada cual, por sí solo, tomara su lugar en este proceso electoral en el que decidiremos nuestro futuro como país y como sociedad.

Ya dio la cara Alemán; también un grupito de grandes empresarios tomaron partido con la publicación de sus desplegados como parte de la campaña, en los que argumentan, casualmente, entre otras cosas, su imparcialidad; la publicación del spot de los niños candidatos financiado por ellos y no se quedaron atrás las autoridades electorales al permitir que con ese mensaje se violente la Ley en la materia y al no sancionar a los infractores.

 Es cierto que uno de los valores más sentidos en una democracia es la libertad de expresión, pero una cosa es debatir ideas, exponer puntos de vista dando la cara para defender su postura y otra muy distinta es difamar, mentir, simular y operar sin escrúpulos desde la clandestinidad, una guerra sucia que denigra a todo un pueblo, ya de por sí agobiado por tanta calamidad.

Pero por más que le busquemos, rumbo a la elección del mes de julio próximo, sólo hay dos caminos o dos bandos, de un lado de la cancha, los que se oponen al cambio y que van a hacer todo lo que este en sus manos para defender sus privilegios, a salvo con el PRI, PAN, PRD y sus apéndices, así como con los independientes. En resumen, el sistema político partidista.

Al otro extremo, la gran mayoría de mexicanos que con su esfuerzo diario mantiene el nivel de vida de los primeros y padecen todos los días su incapacidad para gobernar y su deshonestidad, por su puesto con Morena y AMLO.

En el primer grupo están, los que quieren ver muerto a AMLO, porque pone en peligro sus intereses: los dueños de la gran mayoría de medios de comunicación; grandes empresarios mexicanos y transnacionales; burócratas y gerentes de todos los partidos políticos; líderes sindicales, campesinos, empresariales y religiosos; amen de otros tantos serviles, que a pesar del hambre de sus familias y del desprecio que padecen, buscan sentirse parte de ese reducido grupo elitista.   

Y del otro, la clase media ya en extinción; pequeños y medianos empresarios; profesionistas, comerciantes, obreros, campesinos, estudiantes, desempleados, policías, militares, burócratas. También militantes y simpatizantes (no lideres) de los partidos políticos del PAN, PRI y PRD; católicos, no católicos, migrantes y un interminable etc.

Es verdad que la propuesta de AMLO y Morena es solo una promesa de cambio, que tal vez no la cumpla o quizás sí, pero también es cierto que la otra propuesta es más de lo mismo, porque van a ser los mismos, porque son los mismos que desde hace 30 años nos han ofrecido lo mismo y nos han llevado hasta donde ahora estamos.

Con este cambio no buscamos, como lo dice la derecha, que el gobierno nos de todo, deseamos que nos deje trabajar, en pocas palabras, que haga su chamba, que trabaje para ricos y pobres, que garantice la paz social, la seguridad y las condiciones necesarias para que quién tiene invierta para darle trabajo a los que no tienen.

No se trata de derecha o izquierda, se trata de rescatar al país de manos de una clase política deshonesta y ambiciosa y de un pequeño grupo de políticos-empresarios que se han enriquecido a costa de la pobreza de millones de mexicanos y la destrucción del país, por cierto, apartidista.   

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