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14:35h. viernes, 18 de septiembre de 2020

La rabia con la que se expresan los “profesionales” de la comunicación y los medios para los que trabajan del presidente de México y de su familia es justificada.

Y es que a cualquiera que le quiten la cómoda forma de ganarse la vida reaccionaría como ellos lo vienen haciendo, no importa que sea honrada o corruptamente.

Creo que ni el propio presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se imaginó la enorme cantidad de intereses que trastocó con solo empezar a barrer desde arriba la corrupción en el país. Con cada escobazo que les da a las escaleras sale una polvareda parecida a la que llegó a México del Desierto del Sahara.

Y uno de esos escobazos saco a la luz el tema de la supuesta libertad de expresión y a los dueños de la verdad. La nómina y la operación de la mayoría de los medios de comunicación era y es aún, financiada con dinero del erario, es decir, de los impuestos de los que trabajan y principalmente del petróleo, antes de que lo privatizarán y llevarán a la empresa a la quiebra.

Salvo raras excepciones, un medio de comunicación puede sobrevivir de sus ventas de publicidad o de la venta de sus productos, (en el caso de los impresos), como cualquier empresa, que vende servicios o transforma la materia prima.

No hace falta ser un experto para darse cuenta de ello. Muy pocos son los programas de televisión que cuentan con patrocinadores, y es raro encontrar en un medio impreso el anuncio de una empresa dando a conocer o vendiendo sus productos. Sólo publicidad oficial o propaganda política disfrazada de noticias.

El odio enfermizo hacia López Obrador, insisto, es justificado, porque les arrebató el monopolio de la verdad, ya no pueden mentir ni manipular impunemente; la extorsión, otro de los lucrativos negocios de los “profesionales”, con él no funciona; el financiamiento público se terminó (el chayote), no necesita que hablen bien de él; y para difundir la propaganda oficial no son necesarios.  

Y si hay alguna duda, de lo inútil de sus servicios, son los pocos resultados que han obtenido de la campaña de desinformación, con la intención de propagar la Covid-19. Como todo medio amarillista, necesitan muertos.

Porque no sólo no se sumaron a la estrategia del gobierno federal para combatir la pandemia, sino que, perversamente, emprendieron una campaña de desinformación con el objetivo siniestro de hacer fracasar al gobierno federal, sin importar que estuvieran de por medio la vida de muchos mexicanos.

Todavía el virus no había llegado a México, cuando arrancó la maligna cruzada de desprestigio, que ha puesto en riesgo la vida de seres humanos.

Mentiras en portadas de desprestigiados diarios como Reforma, comentarios tendenciosos en la radio, entrevistas a personajes con intereses políticos contrarios al presidente de la República y convocatorias veladas a la desobediencia civil y cobardemente, ofensas a la familia del primer mandatario.

Todos estos esfuerzos por minar la credibilidad del gobierno de México y descarrilar la estrategia emprendida para enfrentar el Coronavirus les ha dado poco resultado, a pesar de la letalidad de la pandemia, el encierro de más de 100 días, la crisis económica y la infodemia (desinformación), esta última más peligrosa y letal que las primaras, pero con la gran diferencia que para ésta si hay vacuna: La verdad y la información de primera mano, con la que todos los días, por las mañanas y por las tardes, el gobierno de México vacuna a los mexicanos.

La doble moral del  BOA

Hoy, habido de noticias y puntos de vista sobre temas de la agenda política del país, me chute la opinión parcial (no hay nada de malo en ello) de la panista Denese Dresser, en el programa de Carme Aristegui. El tema fue la visita de AMLO a Estado Unidos, pero debo confesar que no recuerdo nada de lo que opinó, sin embargo, no se borra de mi mente el tono y el enorme contenido de odio y descalificaciones que enmarcaron sus comentarios hacia el presidente de la República.

No dudo que mis oídos sordos hacia los comentarios de la opinologa tengan que ver con mi forma de pensar y qué defiendo, pero no puede dejar de observar, que, de tras del odio a AMLO, por parte de la derecha mexicana, clase a la que pertenece la politóloga, no tiene que ver con ideas, eficiencia o deficiencias, sino con la discriminación, el rosismo y el clasismo.

No soportan que un hombre originario de Tepetitla, Tabasco, sin títulos nobiliarios y académicos expedidos en el extranjero y sin saber hablar inglés los gobierne, y que en dos años haya sacado al país de la barranca, en la que lo habían dejado los gobiernos fifis de los últimos 30 años. No se colapso el sistema de salud con la pandemia, pese al desastre heredado en este tema..

Y en ese sentido es hipócrita y poco creíble el principal argumento que tiene la derecha racista mexicana para descalificar el encuentro entre los dos mandatarios: el pensamiento supremacista de Donald Trump. Como dice el dicho popular, se mordieron la lengua.

Sin haber saciado mi hambre de ideas, de luz, ya en el puesto de periódicos tome el diario local El Independiente. El nombre ya dice mucho, pensé, además, si no editado, por lo menos relacionado a la máxima casa de estudios de la entidad: La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Otro punto a favor de mi decisión fue el que detrás de ese medio esta Gerardo Sosa Castelán jefe político de la bancada de Morena en el Congreso del estado. De Izquierda, especule.

Tomé el diario y sin más fui directamente en busca de opiniones y escogí a Francisco Rodríguez. Ya había leído su presuntuosa colaboración, y constatado sus fobias hacia la Cuarta Transformación, pero no hace daño escuchar opiniones distintas a las creencia personales, pero me llamó la atención el título de su colaboración: “Las clases medias….por la revancha”.

Leí el primer párrafo, el segundo y o sorpresa en el tercero empezaban los calificativos. Mi primera reacción fue hacer una bola de papel y tirarlo a la basura, pero aguante vara y seguí leyendo. Después de varios párrafos de presunciones intelectuales y ejemplos de rebeliones ciudadanas en algunos países (pero por supuesto sin mencionar que fueron instigadas por la derecha radical internacional, y menos su triste final), llegue a lo más interesante:

La negación de la existencia del Bloque Amplio Oposito (BOA), pero en los párrafos siguientes contradiciendo esa afirmación y dejando implícitamente su existencia y el perverso plan y sus objetivos: Derrocar a Andrés Manuel López Obrador, destruyendo con calumnias y mentiras su credibilidad con el fin de justificar el golpe de estado, hecho público por colegas y compañeros de pandilla suyos, los Pedro Ferriz.  

La convocatoria al derrocamiento, aunque le llama boicot, es evidente en su columna, da ejemplos internacionales y justifica el derrocamiento, con mentiras y descalificativos a la figura presidencial: “boicotear al caudillo ante la destrucción de nuestro país”. “Las que observan impotentes ahora la destrucción premeditada, ventajosa y alevosa que el caudillo pretende hacer de este país, para cobrarse los agravios que ‎solo existen en su cabeza de déspota errabundo”.

Francisco Rodríguez, es sólo uno de muchos “profesionales” de la comunicación, algunos con más o menos influencia que otros, pero todos tocando el mismo son y con los mismos objetivos de la clase política en desgracia (PAN, PRI, PRD, Movimiento Ciudadano); de un pequeño grupo de grandes empresarios, como Claudio X González, Carlos Salinas Pliego, Gustavo A. de Hoyos; dueños de medios de comunicación;  los carteles de la delincuencia organizada y empresas transnacionales, antes conocidos como la mafia del poder, ahora aglutinados en el, acertadamente, grupo llamado BOA, Bloque Opositor Amplio, o Bloque Amplio Opositor, el orden de los factores no alteran el producto.

Dicen defender la democracia, pero su plan es violentarla buscando derrocar al obradorismo, ignorando que en México existe un marco legal que regula la disputa por el poder, como debe ser en cualquier sociedad civilizada.

Y, Sobre todo, pretenden ignorar que AMLO fue electo por una gran mayoría de mexicanos y que las acciones de este gobierno son ofertas claras de campañas, como el combate a la corrupción, que desgraciadamente a afectado a muchos, entre ellos al cuarto poder y a los grupos descritos en el párrafo anterior.

Pero hay que reconocer la peligrosidad del BOA, ya que es algo así como un sesto de basura que va creciendo en proporción al ritmo en que se barran las escaleras, en donde incluso caerá la basura que sale de casa.

Por ejemplo, leyendo entre líneas al periódico El Independiente de Hidalgo y como muestra al opinologo “profesional” en cuestión cabe hacerse algunas preguntas: ¿El grupo universidad pertenece al BOA?, ¿Sosa Castelán se siente agraviado por la Cuarta Transformación por el tema del congelamiento de cuentas? ¿El grupo parlamentario local es o no fiel a los principios de Morena? ¿Francisco Rodríguez, el columnista, es un porro a su servicio, contratado para golpear al presidente?

Bueno, ahí están las preguntas, pero lo cierto es que, hablando en términos de pandemia, la nueva normalidad en México llegó hace dos años, el 1 de julio de 2018, con el triunfo del pueblo en las urnas y la llegada de Andrés López Obrador a la presidencia de la República y el que no se adapte a la nueva normalidad, corre el riesgo de perecer.