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13:47h. sábado, 19 de septiembre de 2020
Opiniones
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 La mezquindad de la oposición al gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no tiene límites. Apostarle a la tragedia nacional para que a ellos les vaya bien no tiene nombre. A penas unas semanas a tras quisieron usufructuar el movimiento feminista para llevar agua a su molino, queriendo sembrar, con la ayuda de la prensa servil, odio en contra de AMLO, haciéndolo responsable de la cultura machista del mexicano, hecho que justifica, según sus intereses,  acciones violentas para impulsar su derrocamiento.

Y ahora ¿Cuánto darían o que  estarían dispuestos a hacer para que el corona virus mate a miles de mexicanos y la endeble economía mexicana se venga a pique para que a ellos les vaya bien?

Pero esto no es nuevo, apenas inició la era de la Cuarta Transformación, desde el Congreso de la Unión boicotearon la conformación de la Guarda Nacional, para amarrarle las manos al gobierno federal en el combate a la delincuencia organizada.

Mientras al mismo tiempo el “líder” del Partido Acción Nacional buscaba sin éxito, la intervención extranjera acusando a AMLO de dictador apoyado en las mini marchas fifís.

Poca carne le pudieron sacar a la tragedia de Tlahuelilpan y el robo de combustible, el guachicol, ante la acertada intervención del gobierno de la Cuatro T, quien de forma rápida exorcizó la crisis económica a la que le apostaron, ya que esperaban un prolongado desabasto de gasolina por todo el país, provocada por la  reacción violenta de los huachicoleros de cuello blanco. Incluso públicamente defendieron este delito y a sus actores.

Ya sin mascara, no tienen alternativa, interpusieron cientos de amparos tratando de impedir la construcción del Aeropuerto de Santa Lucia, pero también perdieron.

Premeditadamente y sin el más mínimo escrúpulo dejaron sin medicamentos a cientos de enfermos de hospitales públicos, argumentando sus escases o de plano escondiéndolo, y posteriormente, utilizaron políticamente a familiares de niños con cáncer para dañar la imagen del gobierno federal.

Utilizar la tragedia humana, incluso la vida de los mexicanos para satisfacer su insaciable ambición de poder y dinero no es cosa nueva. Aunque ya lo sabíamos y conocemos quienes son, el expediente de Genaro Garcia Luna, el supersecretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, habla por sí solo de la calidad humana y la doble moral de los opositores a la democracia mexicana y en especial a Andrés Manuel López Obrador, líder de la cuarta transformación y presidente de México.

 De lo poco que se conoce de ese vasto expediente y su lucha incansable por descarrilar al gobierno federal hay suficientes elementos para asegurar que la guerra en contra de la delincuencia organizada, iniciada por Felipe Calderón, no fue más que un distractor para saquear a la nación, vía las reformas estructurales de Enrique Peña Nieto, entre las que destacó la Reforma Energética, que entre otras cosas fue la entrega de la riqueza petrolera a capitales extranjeros y políticos corruptos del PRI y del PAN.